El debate sucesorio político.

Podemos decir que en el imaginario social existe la convicción de que hay una brecha entra la clase política y los ciudadanos, que sólo se estrecha en los momentos en que aquellos necesitan renovar su mandato a cambio de nuestro voto. Sin embargo, muchos tienen la sensación, de que las necesidades reales de los ciudadanos, no encuentran respuesta en las medidas y las agendas de nuestros políticos.

En términos jurídicos, una sucesión supone la sustitución del elemento subjetivo de una determinada relación sin que esta sustitución implique la extinción de la relación jurídica. El sucesor, valga la redundancia, ocupa la misma posición que el causante, al producirse ésta, y se hace cargo de todas las relaciones y derechos que no se han extinguido con la sucesión, de acuerdo con el principio de continuidad. Son muchos los debates acerca de la sucesión del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y muchos los titulares que hablan o especulan sobre ello. No creo que tardemos mucho en saber la respuesta, aunque ya se postulan algunos candidatos como favoritos, como si de una competición se tratara, para ocupar el puesto. El “favorito” para suceder al actual presidente, y convertirse en secretario general de su partido, es el señor Alfredo Pérez Rubalcaba. Sin embargo, este señor no sucederá en el cargo de Presidente del Gobierno, porque el sucesor del señor Zapatero a la Presidencia, a fecha de hoy, sin duda hay que buscarlo en otras formaciones políticas.

Muchos opinan, que tal sucesión en la secretaría general del partido, no se producirá hasta después de las elecciones municipales, cuyos resultados mostrarán el notable desgaste que ha sufrido el PSOE, acusado de no saber gestionar la crisis y de llevar a cabo políticas basadas en el recorte de libertades y derechos sociales. Otros opinan, que no habrá sucesor hasta después de las elecciones generales del 2012. Aunque es una posibilidad de la que muchos recelan aclamando el fin del “zapaterismo”, hay que contemplarla. Es posible que el señor Zapatero decida presentarse como candidato, con la previsión de unos resultados electorales desastrosos, para que la memoria de tal fracaso en los comicios, recaiga sobre sus espaldas y no sobre las de otro candidato.

El debate sucesorio: el reclamo de un cambio político.

En cualquier caso, la ciudadanía reclama un cambio. Pero no ven claro que ese cambio de persona vaya a suponer un cambio real en cuanto a la satisfacción de sus necesidades por parte de la clase política. Incluso los militantes del PSOE reclaman un cambio, o al menos una respuesta a una pregunta que muchos nos hacemos: ¿se presentará el señor Zapatero de nuevo a las elecciones? No obstante, las motivaciones de los militantes y políticos de esa y otras formaciones, a la hora de resolver esa cuestión, van más allá de la mera curiosidad. En el seno de los partidos grandes (aunque también en los pequeños, aunque con menor intensidad) siempre hay corrientes enfrentadas a favor de uno u otro candidato o líder político. No se trata de una simple cuestión sobre quién va a ser la cara visible del partido durante los próximos años. El apoyo a uno u otro candidato dentro de un mismo partido, puede suponer que dicho apoyo se traduzca en la ocupación de un determinado cargo o responsabilidad, en el supuesto de que “su candidato o líder” salga como favorito dentro del partido. Se trata de unas rivalidades internas, que pese a que podemos decir que siempre están subyacentes en el seno de un partido político, se manifiestan con más intensidad en el momento de la sucesión política.

La cuestión de la sucesión política, en relación con la lucha de las diferentes corrientes internas y del seguidismo de los posibles nuevos sucesores, ha llenado y llenará muchos titulares de prensa. A modo de ejemplo, baste recordar la polémica en torno a la sucesión del PP, con el fin del “aznarismo” entre el señor Mariano Rajoy y el señor Francisco Álvarez-Cascos, cuyo capítulo final se ha manifestado tan solo unas pocas semanas, con la salida del señor Cascos del PP tras 30 años de militancia. Una muestra de cómo el seguidismo de un líder en el seno de un partido, ha hecho que tras la formación de “Foro Asturias”, el nuevo partido del señor Cascos, muchos militantes del PP lo abandonaran para seguir a su candidato en su nuevo proyecto.

Tal vez, la solución de calmar estas rivalidades internas pase por implantar elecciones primarias en el seno de los partidos, o por lo menos para hacer un poco menos traumáticas las sucesiones políticas. Un ejemplo de esto es Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía (C’s), que utiliza las primarias como un mecanismo normal a la hora de preparar unas elecciones y elaborar su candidatura y sus listas. Para los ciudadanos, se trata de una muestra de cómo la democracia debe ir en los dos sentidos, desde un partido político, para evitar así la dedocracia, o los seguidismos que pueden dificultar un posible cambio positivo y revitalizador en el seno de una formación política.
Habrá un cambio de partido, y el Partido Popular se proclamará vencedor en las próximas elecciones generales. Un triunfo que empezará a ser visible en muchos municipios, a partir del 22 de mayo de este año. Sin embargo, la recuperación de un país no se produce de forma automática con un cambio político. No obstante, sí que supone un cierto aliento de confianza dado el desgaste y la mala gestión, que ha dejado como sensación para los ciudadanos, el actual Gobierno.

Tal y como ocurre en una sucesión, al fallecer el causante, su patrimonio no se disuelve, sino que cambia de titular. La masa hereditaria política que heredará el sucesor, que en este caso lo encontraremos en el PP, no será una herencia atractiva. Tampoco la situación socioeconómica del momento va a hacer que resulte una situación cómoda. No obstante es su obligación gestionar los asuntos del Estado, e intentar cumplir con su parte del contrato electoral, y no dejar que sus programas se conviertan en simples promesas que poco a poco se diluyen en el olvido. No solo no nos olvidamos, sino que estamos en una situación, en el que el Ejecutivo se tendrá que enfrentar a una durísima oposición, por parte del resto de formaciones políticas, pero también por parte del conjunto de ciudadanos (le hayan votado o no), cuya opinión y crítica se expresan cada vez con mayor intensidad, gracias a la era del WEB 2.0.

El político debe saber, que esa brecha a la que hacía referencia al principio del artículo, debe estrecharse imperiosamente, pues la Administración debe estar al servicio del ciudadano. Sobre todo, para dar respuesta a la cláusula social de nuestro Estado de Derecho, y porque estamos en un estado prestacional. Y la sucesión política, puede ser también una buena oportunidad para ello.

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2 thoughts on “El debate sucesorio político.

  1. Siempre ha habido una brecha social notable entre los grupos de las diferentes clases sociales, pero actualmente nos encontramos en un contínuo canvio sin vuelta a atrás grácias a la revolución de la tecnología. La gente ya no quiere ser un simple expectador, sinó que cada vez más grácias al acceso a la información podemos informar-nos, seleccionar y definir nuestra opinión. Cada vez más la gente quiere participar dándo su opinión y grácias a las redes sociales se está consiguiendo llegar de forma más cercana al público y al contrario. Hasta ahora el mensaje había sido de carácter unilateral y ahora grácias a estas redes sociales como Facebook o Twitter el ciudadano puede interactuar de forma directa.
    Grácias a estos cambios en la sociedad podemos decir que poco a poco hemos conseguido hacercarnos e interesarnos más por la política, ya que nos da la opción de participar y dar nuestra opinión.
    También podemos estar hoy hablando de una brecha social más estrecha ya que lo que le interesa al político es transmitir cada vez con más transparencia su mensaje y conocer mejor a sus seguidores para ganarse el voto del mayor público posible, y la gente, a la vez, también quiere lo mismo, un mensaje sostenible y transparente ya que tal como hablaba antes ahora es fácil poder descubrir la verdad a través de toda la información que disponemos en nuestras manos. Por lo que reflexionando hoy podemos decir que el echo de poder cambiar las cosas depende de nosotros.

    • Está claro que la nueva clase política y gran parte de los ciudadanos, exigen que se haga una nueva forma de hacer política. Ya no se trata de ir a comprar votos sólo cuando hay elecciones, sino de mantener cierta fidelidad con los “clientes”. A veces parece que la relación político-ciudadano sólo se base en eso. En cualquier caso, no hay duda que la era WEB 2.0 en relación con la política puede tener unos efectos muy positivos para con los ciudadanos.

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