El paro aumenta en España y las agencias de calificación no ayudan

El paro en España sigue en aumento. Se trata de una triste realidad que azota a la confianza de la economía española en su conjunto. Pero también individualmente, ya que, según he podido leer hoy en un diario económico, uno de cada cinco cabezas de familia están en el paro. A fecha de hoy, la tasa de desempleo alcanza un 24,4% lo que se traduce en 5.639.000 parados, según datos de dicho diario económico (cincodías)

Pero lo realmente alarmante es que no solo el paro azota a nuestra economía (en este caso, del Estado español, aunque también es algo extrapolable a cualquier país). Y es que parece ser que las agencias de calificación, nos tienen en el punto de mira.

¿Qué son las agencias de calificación?

¿Y que son las agencias de calificación se preguntarán muchos? Pues las agencias de calificación son unas empresas que elaboran una serie de informes basados en la predicción sobre un determinado producto financiero, una determinada administración o empresas, o incluso un determinado país. Estos informes son elaborados por cuenta de un cliente, que puede ser a su vez otra empresa, como por ejemplo un banco, y lo que valoran es el riesgo que tiene un determinado sujeto (una empresa o un Estado) de afrontar el pago una deuda. En definitiva, se trata de un informe que valora la confianza que hay que depositar hacia un determinado sujeto para saber qué probabilidades hay de que nos pague si le concedemos un crédito.

Existen varias agencias de calificación, pero las más importantes de todas, las que realmente manejan el cotarro son tres: Standard & Poor’s  (Estados Unidos), Moody’s – Moody’s Investors Service (Estados Unidos) y Fitch – Fitch Ratings  (Estados Unidos – Reino Unido). Estas agencias elaboran dichos informes a los que también podemos referirnos como “rating” cuya definición es la calificación crediticia de una determinada empresa o institución,  realizada por una agencia especializada, y que ordena dichos niveles de confianza sobre su solvencia con letras, que a modo de ejemplo, se presenta más o menos así: AAA (significa que cuenta con la mayor confianza de dichas agencias sobre su solvencia y capacidad de retorno de un crédito), AA, A, BBB+, BB… y así sucesivamente de acuerdo a ese nivel de confianza sobre su solvencia.

¿Quién califica a las agencias de calificación? ¿Quién vigila a los vigilantes?

El problema de las agencias de calificación es que su opinión es muy tenida en cuenta por los mercados, aunque no deja de ser un informe que se basa en la probabilidad no en la certeza. Aunque se traten de agencias especializadas y seguramente tengan entre sus filas a numerosos expertos y gurús económicos, no deja de ser una opinión, y por lo tanto, ésta puede ser errónea. Tan errónea como lo puede ser la sentencia de un juez, que no es más que la opinión de un experto en Derecho elaborada en el marco de un procedimiento regido por una serie de leyes, sobre un determinado asunto. Por suerte, si creemos que un juez se ha equivocado, existen una serie de mecanismos que, como parte perjudicada, nos permitirán interponer un recurso, para paliar precisamente los posibles errores que el juez como ser humano haya podido cometer.

El problema es que no existen, que yo sepa, unos mecanismos similares para mitigar los efectos de una calificación, realizada por una persona experta, que puede no ser del todo correcta. De hecho, ya ha habido casos en los que un producto que había sido calificado con la nota máxima, luego ha resultado ser un producto “basura” por utilizar la terminología de estas agencias. Sirva de ejemplo los paquetes de productos financieros que contenían las famosas hipotecas subrprime o “activos tóxicos”, y que han convertido a las agencias de calificación, de sospechosas de no prever (algunos dirían provocar) la crisis.

Consecuencias sobre la calificación de solvencia de dichas agencias

Acertadas o no, las opiniones que emiten dichas agencias de calificación, no dejan de ser peligrosas, en el sentido de que en función del rating o la nota que haya recibido un determinado producto, empresa o institución, los mercados van a actuar de un forma u otra. De modo que la inversión, que puede ser la llave para muchas empresas y Estados, puede ser que no llegue porque unos señores crean que no son fiables, o que encarezcan el crédito porque existe un riesgo alto (riesgo que alimentan dichas agencias en ocasiones), dificultando aún más la situación.

Por supuesto, lo más grave de todo esto, es que detrás de dichas situación (de crisis se entiende), hay personas que lo están pasando realmente mal, familias y jóvenes que tienen que soportar leer titulares como el que me ha motivado a escribir este post: “Standard & Poor’s no contempla creación de empleo en toda la legislatura”.

El paro aumenta en España y las agencias de calificación, con este tipo de opiniones, no ayudan a que la situación mejore, a que la inversión vuelva a fluir de la forma adecuada, a que el dinero “engrase” (como diría Leopoldo Abadía) el sistema para que la economía se reactive, y en definitiva, se creen nuevas oportunidades de empleo y de negocio.

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